Aborda que las Terapia Cognitivo-Conductual, son demasiado simples y se limitan a cambiar pensamientos negativos sin considerar factores emocionales profundos. Se cuestiona la percepción de que proporciona resultados rápidos y su eficacia universal.
Se critica que puede centrarse excesivamente en la modificación de pensamientos y comportamientos, sin abordar adecuadamente los contextos emocionales y sociales más amplios. Sugiriendo que su aplicación podría ser limitada si no se considera la diversidad cultural.
En contraparte se menciona que incluye un enfoque integral que aborda pensamientos, emociones y comportamientos. Aclara que, aunque puede ser efectiva, la terapia requiere tiempo y esfuerzo continuo para lograr cambios sostenibles. También puede no ser igualmente efectiva para todos los pacientes o para todos los trastornos.
Sugiere que una combinación con otras modalidades terapéuticas podría proporcionar un enfoque más completo y adaptado a las necesidades individuales de los pacientes. Destaca la necesidad de continuar investigando para abordar las limitaciones de la TCC y mejorar su adaptabilidad y eficacia en diferentes contextos.
La terapia cognitivo-conductual nos ha dado un terreno sólido para generar cambios en los individuos, pero como todo marco teórico va tener controversias porque la sociedad va cambiando, los problemas por los que se acercan a la psicología van necesitando algo más que el estoicismo de esta terapia. Este artículo no defiende ni ofende, va encaminado a la evolución de nuestra práctica.