La conducta está relacionada con la salud. Esta relación ha quedado demostrada durante décadas de meticulosa investigación que ha analizado el estilo de vida y la conducta individual tratando de identificar relaciones entre éstas y el desarrollo de enfermedades. Por ejemplo, se ha estimado que hasta las tres cuartas partes de los fallecimientos por cáncer se pueden atribuir a la conducta de una persona.
Diversos tipos de conductas que se ha demostrado que aumentan el riesgo que corre un individuo de contraer una enfermedad, como una dieta malsana, fumar, consumir alcohol de manera excesiva o mantener relaciones sexuales sin protección.
Se revisa la evidencia sobre las consecuencias negativas para la salud de cada tipo de conducta, y se analiza la prevalencia de cada conducta respecto a las recomendaciones sobre la salud.
Tanto la conducta de riesgo para la salud, como la conducta de mejora de la salud proporcionan la fuerza motriz de muchas iniciativas de sanidad pública y de educación en todo el mundo. (Morrison y Bennett, 2008).
Tanto la salud física como la mental está sujeta a la formación, a la disciplina, a los hábitos saludables, etc., pero la población conciente de eso es una minoría, por tanto la promoción y prevención son tan indispensables, sobre todo en los sectores de población menos favorecidos.
Las instituciones que proporcionan atención a la salud no se dan a basto, tienen sobrepoblación de derechohabientes, falta de personal, de instalaciones y e quipos.
Es ahí donde la promoción de salud en todas las áreas tiene un enorme trabajo. Es así como esta mismas instituciones implementan programas como el que nos tocó a nosotros realizar.
Los aprendizajes adquiridos al preparar este pequeño programa, abrió mi conciencia, me hizo visualizar la enorme necesidad de trabajo en este campo, no se ustedes pero a mí me motivó muchísimo.