Reconozco la relevancia de la psicología preventiva en la adolescencia, una etapa particularmente vulnerable donde múltiples factores de riesgo pueden llevar a conductas dañinas, como el consumo de sustancias, embarazos no deseados o aislamiento social, los cuales son prevenibles según León, Macedo, Robles, Zepeda, Huerta y Ríos (2021). De acuerdo con Valenzuela Mujica, Ibarra, Zubarew y Correa (2013), la familia juega un papel central como primera línea de protección, influyendo significativamente en el desarrollo emocional y conductual del adolescente Sin embargo, surge un desafío crítico en contextos donde los padres están ausentes o no cumplen un rol protector efectivo.
En estos casos, la psicología preventiva puede desempeñar un papel fundamental al intervenir de manera anticipada y estructurada. Esta disciplina no solo aborda la promoción de comportamientos saludables y el fortalecimiento de habilidades en los adolescentes, sino que también puede ofrecer recursos que suplan parcialmente la falta de apoyo familiar. Por ejemplo:
- Programas de mentoría: Crear redes de apoyo con mentores capacitados que actúen como figuras de orientación puede ofrecer un sustento emocional y práctico a los adolescentes en ausencia de un entorno familiar funcional.
- Intervenciones escolares y comunitarias: Diseñar talleres educativos y actividades extracurriculares que fomenten el desarrollo de habilidades sociales, autoestima y toma de decisiones informadas, puede contrarrestar la influencia negativa de los pares y proporcionar un entorno seguro.
- Técnicas cognitivo-conductuales: Implementar estrategias como el modelado, la reestructuración cognitiva y el entrenamiento en habilidades sociales ayuda a los adolescentes a manejar la presión social, regular sus emociones y construir hábitos saludables.
- Psicoeducación a tutores alternativos: En casos donde los adolescentes viven con otros cuidadores, como abuelos o familiares, la psicoeducación puede equipar a estos tutores con herramientas efectivas para proporcionar apoyo y guía.
De acuerdo con el artículo, es esencial sensibilizar y capacitar a todas las figuras que puedan influir en el entorno del adolescente, fomentando un entorno protector que disminuya la incidencia de conductas de riesgo (Valenzuela Mujica et al., 2013). Esta estrategia no solo beneficia al adolescente, sino que también genera un impacto positivo en la comunidad, promoviendo un desarrollo integral.
En resumen, la psicología preventiva ofrece un enfoque flexible y proactivo, capaz de adaptarse a diversas configuraciones familiares y sociales. Esto subraya su potencial no solo para prevenir problemas, sino también para empoderar a los adolescentes y sus redes de apoyo en la construcción de un futuro más saludable y prometedor.
Referencias
León, K., Macedo, L., Robles, V., Zepeda, C., Huerta, C. y Ríos, A. (2021). Promoción de la salud y prevención de la enfermedad en la adolescencia. Unidades de Apoyo para el Aprendizaje. CUAIEED/Facultad de Medicina-UNAM. https://repositorio-uapa.cuaieed.unam.mx/repositorio/moodle/pluginfile.php/2491/mod_resource/content/7/UAPA-Promocion-Salud-Adolescencia/index.html
Valenzuela Mujica, M. T., Ibarra R., A. M., Zubarew G., T., & Correa, M. L. (2013). Prevención de conductas de riesgo en el Adolescente: rol de familia. Index de Enfermería, 22(1-2), 50-54. https://dx.doi.org/10.4321/S1132-12962013000100011