¿Sabías que los trastornos de ansiedad y depresión, se han incrementado más de un 25% en los últimos 4 años?
¿Sabes que alternativas terapéuticas han mostrado ser eficientes para la atención de estos trastornos?
De acuerdo con la OMS (2022), un trastorno mental se caracteriza por una alteración clínicamente significativa de la cognición, la regulación de las emociones o el comportamiento de un individuo y que estas alteraciones impactarán en diferentes áreas de su vida, trabajo, escuela, familia. En 2019, una de cada ocho personas en el mundo padecían un trastorno mental, después de la pandemia de COVID-19, aumentaron considerablemente, las estimaciones iniciales muestran un aumento del 26% y el 28% de la ansiedad y los trastornos depresivos graves en solo un año, reflejándose mayor afectación en mujeres y jóvenes, mientras que los otros trastornos del humor, no reflejaron un incremento significativo.
En México, de acuerdo a la encuesta de depresión realizada en el Instituto Nacional de Psiquiatría, se calcula que el 2.0% de la población ha padecido depresión en la infancia o adolescencia con un promedio de siete episodios a lo largo de la vida (Benjet, Borges, Medina-Mora, Feliz-Bautista, 2004). El Hospital Psiquiátrico Infantil “Juan N. Navarro” informó que mensualmente se reciben entre 600 y 700 niñas, niños y adolescentes acuden a consulta psiquiátrica por primera vez, principalmente por depresión y ansiedad, y en muchos casos estos padecimientos están acompañados de conducta suicida (Secretaría de Salud, 2022).
La OMS (2022), explica que existen varios tipos de ansiedad diferentes: trastorno de ansiedad generalizada (caracterizado por una preocupación excesiva), trastorno de pánico (que se caracteriza por ataques de pánico), trastorno de ansiedad social (con miedo y preocupación excesivos en situaciones sociales), trastorno de ansiedad de separación (que es el miedo excesivo o la ansiedad ante la separación de aquellos individuos con quienes la persona tiene un vínculo emocional profundo).
En el caso de la depresión concurren varios otros síntomas, como dificultad de concentración, sentimiento de culpa excesiva o de autoestima baja, falta de esperanza en el futuro, pensamientos de muerte o de suicidio, alteraciones del sueño, cambios en el apetito o en el peso y sensación de cansancio acusado o de falta de energía (OMS, 2022).
La Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11, 2018), en su capítulo seis sobre los trastornos mentales del comportamiento y del neurodesarrollo, definidos como síndromes que se caracterizan por una alteración clínicamente significativa en la cognición, la regulación emocional o el comportamiento de un individuo que refleja una disfunción en los procesos psicológicos, biológicos o del desarrollo que subyacen al funcionamiento mental y comportamental. Estas perturbaciones están generalmente asociadas con malestar o deterioro significativos a nivel personal, familiar, social, educativo, ocupacional o en otras áreas importantes del funcionamiento.
Desde la perspectiva neuro-cognitiva y neuro-conductual, el problema comienza cuando un sujeto se enfrenta uno o varios estímulos interpretados como negativos del entorno exterior, que generará pensamientos e ideas rumiantes, exageradas, o catastróficas, que llevará a sesgos atencionales de hipervigilancia y relativos a la metacognición, sin conclusión apropiada (Caballo, 1997; Lega & Ellis,2001; Beck,2006; Beck,2015). Esto generará descargas fisio-hormonales relacionados al eje hipotálamo-hipofisiario-adrenal (HHA), el cual alertará al organismo de amenazas, generando factor liberador de corticotropina (CRF) activando la glándula pituitaria, liberando adenocorticotropina (ACTH), que finalmente actúa sobre el córtex de la glándula adrenal, para que libere glucocorticoides (GC), cuyos efectos van a aumentar la disponibilidad de energía en partes del cuerpo, que son los síntomas relacionados a la activación del sistema simpático (Sanchis,2006).
Lo anterior provocará un reforzamiento negativo sesgado de la percepción, atención y memoria, generando un aprendizaje significativo o razonado de reacción ante situaciones desagradables, que pueden ser ambientales o cognitivas, también conocido como distorsión cognitiva (Caballo, 1997; Lega & Ellis,2001; Beck,2006; Beck,2015). Esta sobre activación generará cambios en la actividad cortical del sistema nervioso central (SNC), generando decremento de la actividad intersináptica (Guadarrama, Escobar, Zhang, 2006), generando percepción de agotamiento físico y mental, estas consecuencias tienen la característica en el caso de la angustia y la tristeza, de ser frecuentes, duraderas y con alta magnitud, lo cual puede afectar el autodominio emocional y con ello las diferentes áreas de vida de un sujeto en edad pediátrica, de la adolescencia o adulta (Kazdin,2009).
Como se menciona al inicio, dado que los trastornos de ansiedad y depresión han mostrado un incremento significativo a nivel mundial, una alternativa de tratamiento a estos desórdenes psicológicos es la Terapia Cognitivo Conductual, porque se centra en la reconstrucción cognitiva (ideas irracionales, distorsiones, fallas perceptuales, aprendizajes significativos), para con ello lograr la tolerancia e identificación fisio-hormonal de las emociones y la activación del sistema nervioso simpático, con ello evitar conductas compensatorias o negativas.
Como apoyo al diagnóstico y al tratamiento de estos síntomas es importante realizar un análisis funcional de la conducta (AFC), referente a la frecuencia, intensidad, duración y magnitud de distorsiones y síntomas físicos (Kazdin, 2009), para integrar los síntomas cognitivos y físicos del sujeto, además de escalas clinimétricas para recabar datos cualitativos ordinales, como lo son para el caso de la ansiedad y depresión escalas como el inventario de depresión de Beck (Estrada, Álaverez, Landero y González, 2015), la escala de ansiedad de Beck (Blázquez, Pérez, Calderón, & Medina, 2020), Escala de Ansiedad Estado-Rasgo (Catrillón y Borrero, 2005), entre otros. Estos apoyados de los cuestionarios cognitivos, como el cuestionario de ideas irracionales (Ellis, 1991), inventario de actitutdes disfuncionales, cuestionario de esquemas cognitivos (Young, 2006), cuestionario de aceptación y compromiso (Gaspar,2005), por mencionar ejemplos validados.
Y, ¿qué tipo de terapia Cognitivo Conductual propondrías para l atención a estos trastornos?