El proceso de entrevista clínica constituye una de las herramientas más fundamentales en la práctica psicológica, pues permite no solo la recolección de información diagnóstica, sino también la creación de una alianza terapéutica basada en la confianza. Los aspectos deontológicos —como la confidencialidad, el consentimiento informado, la competencia profesional y la neutralidad terapéutica— no son simples formalidades, sino pilares éticos que garantizan el respeto a la dignidad y los derechos de la persona entrevistada. Reflexionar sobre estos elementos es clave en la formación clínica, ya que sitúa al psicólogo frente a dilemas cotidianos en los que debe integrar conocimiento técnico con sensibilidad humana. En este sentido, la ética no se limita a normas escritas, sino que constituye una práctica viva y dinámica, imprescindible para sostener la integridad del proceso terapéutico y la credibilidad de la profesión.
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